Bienaventurados los misericordiosos

Bienaventurados los misericordiosos


La semana pasada tuve la oportunidad de estar compartiendo conversaciones sobre el liderazgo no escrito con dos grandes compañeros de cordada, Santiago Alvarez del Mon y Jordi Nadal, todo un lujo. Mucho de lo que conversamos en Canal CEO, ese día tenía que ver con lo que para mí recoge esta  quinta bienaventuranza

La quinta bienaventuranza toca todos los aspectos de la misericordia; el perdón, la bondad, la paciencia, la mansedumbre de la  que hablaba  hace unas semanas, pero seguramente el perdón es el aspecto  más complejo  y de los más  necesarios en el mundo de hoy.

Hoy quiero hablar de ello, de esa palanca, esa “competencia espiritual” tan necesaria para lograr ser organizaciones ágiles en nuestro día a día, y acelerar ese necesario performance que todas las compañías hoy necesitamos. El perdón es sin duda  una “ventaja competitiva”, y más cuanta más responsabilidad tenga una persona en una organización.

¿Qué es el perdón.?

Si vamos a la definición de perdón, es “la decisión de no guardar rencor ni resentimiento, o ira hacia otra persona, pese a lo que nos haya hecho, es la decisión de suprimir el deseo de venganza”.

El perdón es por tanto un acto de voluntad, es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos, no sentimos más la ofensa, ni el rencor, y nos liberamos de algo que nos ha tenido retenidos el tiempo que ha durado.

¿Qué significa perdonar?

  1. Hay diferentes opiniones respecto a lo que esto significa, para mi significa comprender incluso aunque no comprenda al otro y olvidar. Olvidar la falta que sentimos que una persona ha cometido hacia nosotros y no tener por ello ningún tipo de venganza ni rencor. Solo cuando perdonamos, podemos recuperar honestamente la relación, la actividad, el vínculo y la colaboración o el dialogo que tal vez se hubiera perdido.
  2. Perdonar para cada uno de nosotros, como seres humanos, no suele resultarnos tarea fácil pues es un proceso que requiere humildad, valor, autoestima, amor y desprendimiento. Sin embargo, no hacerlo, supone identificar a la persona con el daño que nos ha hecho, sin darnos cuenta que todos somos mucho más grandes que el propio hecho o la propia acción. Como bien decía el más grande de todos los líderes, “No te dejes vencer por el mal, vence el mal con el bien”. Cuando finalmente somos capaces de tener la valentía, la humildad y la capacidad de comprender para perdonar, de repente nos liberamos de algo, de una dependencia emocional del pasado y nos sentimos en calma interna, nos sentimos en paz.
  3. Comprender y olvidar, nos permite también reconocer que no tenemos ningún derecho a hacer “sufrir” a un compañero, o a una persona de nuestro equipo ,o a un manager, o a un directivo lo que tal vez ellos nos hayan hecho sufrir en mayor o menor medida, puesto que nunca vamos a reconstruirnos nosotros del posible daño hecho, destruyendo a los demás. Uno no es mas grande por “ganar” esa batalla, sino todo lo contrario.
  4. Comprender y olvidar, supone dejar de hacer de nuestras vidas una cuenta de explotación. Como bien dice Jackes Philipe “Cada decepción sufrida, cada herida se transforma muchas veces en una factura que registramos en nuestra contabilidad”. No puedo estar más de acuerdo con él, la relación con el otro no lo podemos basar en esto, ni mucho menos, es verdad que el ser humano tiene a buscar el equilibrio en todo; nos hacen un regalo  e intentamos regalar y responder al mismo nivel , nos invitan a comer y respondemos tiempo después con la misma moneda, hoy no voy a entrar a cuestionar este punto, que tiene mucho de qué hablar también, pero si quiero poner el acento, en que este buscado equilibrio, muchas veces de sano y auténtico tiene poco y en el ámbito del perdón, todavía menos. En este caso, todavía es más necesario salir de la “dinámica del intercambio”  y entrar en el camino de una única dirección, donde lo que yo doy es el único combustible que asegura que, con cualquier persona y en cualquier situación, lo que verdaderamente importa es esa entrega que define mi calidad humana, en mi día a día. Esto lo engrandece todo.
  5. Comprender y olvidar significa para mi ser capaz de mirar a tu compañero, a tu manager, a tu equipo con esa mirada que ama sin límites, a pesar del daño. Significa comprender qué detrás de  ese comportamiento de la otra persona  que ha provocado ruptura, distancia, desencuentro hay unas necesidades de ésta sin cubrir, que muchas veces ni siquiera ella misma es capaz de entender. Y por ello hemos de ser capaces de comprender más, aceptar más y acoger más y mejor la  incapacidad del otro  para hacerlo mejor.  Con esto no quiero decir que la valoración del hecho no pueda ser negativa o difícil de justificar, pero el perdón lo que significa es que a pesar de ello, mis pensamientos no pretenden buscar” justicia” a toda cosa, o deseo de venganza, sino comprensión, simplemente comprensión. “En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla. Tratemos de imaginarnos por qué hacen lo que hacen. Eso es mucho más provechoso y más interesante que la crítica; y de ello surge la simpatía, la tolerancia y la bondad. “Saberlo todo es perdonarlo todo.” –
  6. Comprender y olvidar para poder perdonar, también significa tener humildad, por que cuando perdonamos, nos bajamos “de las alturas”, dejamos de mirar desde arriba, dejamos de reivindicar nuestros derechos y nos ponemos en el mismo nivel, para mirar de persona a persona, y como digo, comprender sin justificar, pero siempre comprender, perdonar y cerrar. Cuanto menos se pretende del otro, mas uno es capaz de dar a los demás y más se recibe.
  7. Comprender y olvidar para poder perdonar, no significa dejar nuestras necesidades a parte, claro que no, sino que satisfacer éstas lo hemos de hacer sin buscar al mismo tiempo hacer daño al otro.
  8. Comprender y olvidar , significa, por muy difícil que esto sea, seguir deseándole lo mejor al otro, sabiendo que curar la herida que nos haya podido provocar, solo depende de nuestro compromiso con el cuidado hacia  nosotros mismos.
  9. Comprender las imperfecciones de todo ser humano  y olvidar  la herida generada por otros en nuestra ajetreada vida personal y profesional ,supone aceptar  cualquier sentimiento, cualquier pensamiento, emoción o sensación  que la otra persona nos haya podido generar. Claro que sí. No caigamos en el error de pensar  que solo tener la voluntad de  perdonar nos suprimirá todo aquello en un santiamén. Como seres mortales que somos, no hemos de olvidar que el perdón es un acto de voluntad cuya principal finalidad es tener la firme voluntad de reforzar nuestros valores más humanos, a pesar del posible sufrimiento generado.
  10. Comprender y olvidar significa también, que a pesar de la experiencia dolorosa que colegas, equipos o nuestros propios lideres hayan   podido  dejar en nosotros en algún momento, en alguna de las múltiples relaciones, encuentros y colaboraciones que se dan en nuestras  organizaciones día a día, hemos de tener siempre presente que nuestra calidad humana se pondrá en evidencia cuando a pesar de todo ello, seguimos destacando  las cualidades de aquellos. Es verdad que, como se suele decir, “la crítica une”, pero es verdad también, que, lo contrario, “poner brillo al otro”, no sólo  une de una manera mucho más saludable, sino que además, amplia lazos, da oportunidades, y por ende, suma al propósito, suma para lograr esos éxitos tan esperados como organización. Poner brillo a tu colega, a tu líder, a tu compañero, a aquel que tal vez nos cueste perdonar, esto es “misericordia” aterrizada al día día, tan fácil de entender, pero no siempre fácil de hacer para  el ser humano, pero no olvidemos que  ahí reside parte importante de  nuestra bondad.

¿Qué significa pedir perdón?

Desgraciadamente, al ser humano por naturaleza, le encanta mirarse al ombligo, y pensar más veces de las que debería en si mismo  y sus deseos y necesidades y no tanto en las de los demás. Como personas que trabajamos en una organización, no es muy distinto, tendemos a estar más pendientes de las deudas que el otro “me debe” pero no miramos esas deudas que nosotros debemos a los demás.  Con el perdón y con lo que a mí me gusta llamar la “misericordia organizacional”, sucede lo mismo.

Es cierto que todavía soy  una novata en este camino de la excelencia para lograr siempre acertar con los demás, y me sigue doliendo cada vez que me equivoco, pero también en este camino me llevo experiencias y aprendizajes para intentar hacerlo un poco mejor la próxima vez. El mundo va muy rápido y nuestros entornos demandan mas resultados en menos tiempo y menos recursos, y es importante que precisamente por ello, tengamos en cuenta que podemos herir sin querer una mil veces y cada vez con mayor facilidad, y que si de verdad queremos ser empresas atractivas, y generar la mejor experiencia a nuestra gente, la misericordia, también ha de formar parte de la propuesta de valor.

En este camino de aprendizaje comparto con vosotros estos puntos  que pueden servirnos  para asegurar precisamente esto, que la experiencia que damos a los demás es la mas humana posible.

Reconocer que lo que hicimos pudo causar daño al otro. El proceso de reconocerlo implica un acercamiento sincero al compañero,  a  la persona de tu equipo, a nuestros managers, con verdadera comprensión y empatía, con la única intención de reparar, sin saber lo que de ese encuentro finalmente surgirá. Las reacciones al perdón son imprevisibles, pero incluso así, como personas y más como líderes de una organización, hemos de dar este paso, siempre, y  estar preparados para ese contexto incierto. En mi experiencia, he aprendido que la vergüenza y la culpa forman parte muchas veces de estos momentos, y que a estas emociones también hay que darles el espacio que merecen para poder avanzar.

2º  Tener en cuenta en el momento de querer pedir nosotros perdón – en otras palabras,  pedir la misericordia del otro-  es que hemos de “sostener” la expresión del sufrimiento, de la queja o de la herida ocasionada al otro, de forma plena. Es el momento de tener la valentía y humildad para sentir de verdad y  mantener nuestro error y el dolor ajeno, aunque duela. Esto también forma parte de ese liderazgo no escrito tan  necesario para  diseñar el nuevo liderazgo necesario hoy.

3º Parar a darnos  cuenta de la importancia de aceptar nuestras imperfecciones, no rechazar de nosotros mismos eso que también “somos”  y que  hace daño a otros a pesar de no quererlo.

4º Tener el firme compromiso de comprender la motivación que subyacía a nuestra  conducta, y trabajar para repararlo, con nosotros mismos y con el feedback  que hayamos  pedido a los demás para seguir mejorando.

5ºSer capaz de verbalizar nuestra intención, si , decir “perdón”, no un perdón cualquiera, como el que dice “buenos días” casi de manera automática,  me refiero a un “perdón” auténtico, profundo, honesto, sincero y claro. Lo más fácil y al mismo tiempo lo más difícil.

En definitiva, podemos tener la falsa creencia que perdonar o ser perdonados  es solo  “cosa de curas”, pero siento disentir, es verdad que ser una persona religiosa con toda una vida trabajando un camino espiritual puede ayudar a ejercer el perdón con mayor facilidad, esto no lo dudo, pero el perdón es también un don a disposición de cualquiera, gratuito, disponible a cualquier hora y en cualquier situación, pero  reconocer que nosotros, como simples mortales  también tenemos esta posibilidad de hacerlo nuestro, nos obliga a reconocer desde nuestros grandes egos, que en el fondo, es un tema que nos resulta difícil e incómodo.

Como mortal que yo también soy  pero con un deseo de  tomar decisiones, y emprender acciones con la mayor calidad humana de la que soy capaz, en mi experiencia de liderazgo, he aprendido, que solo liderando desde esta “misericordia organizacional”, podemos avanzar. Sigo siendo una absoluta principiante en este desafiante camino de liderazgo, pero a pesar de ello, soy una convencida que solo teniendo  un acercamiento desde ahí, con nuestros equipos, con nuestros colegas y nuestros superiores, lograremos ser organizaciones saludables.

Tengamos muy en cuenta que en el mundo que ahora vivimos, donde la agilidad impera, la capacidad de perdonar y pedir perdón al otro, es también  una palanca para lograrla porque nos permite desatascar relaciones deterioradas, recuperar una colaboración necesaria para lograr un producto final, o retomar la ilusión del proyecto y sobre todo, restaurar nuestro propio liderazgo, el que nos permite a nosotros mismos no perder la brújula para seguir impulsando nuestra organización con agilidad y determinación, y hacer que los demás puedan ver en nuestro ejemplo una referencia para ir veloz, ágil, comprendiendo y olvidando todo aquello que nos impida avanzar.

Bienaventurad@s los lideres misericordiosos.

 

 

 

 

 

 

 

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Bienaventurados los mansos.

Bienaventurados los mansos.


La mansedumbre es unas de las manifestaciones de amor más poderosas, y tiene la capacidad de atraer corazones. Es verdad que en un mundo tan competitivo como el actual, parece que solo funciona el despotismo y la arrogancia frente a algo tan potente, y con tanta capacidad de transformación como pueda ser la mansedumbre.

Hoy quiero compartir lo que para mi significa  “ser mansos” en el mundo de hoy, qué beneficios tiene, y qué barreras hemos de eliminar como lideres para que lideremos en este nuevo futuro del empleo, que tiene mucho de futuro, pero que necesita también referencias del  liderazgo de los grandes de siempre.

Seguramente no nos resulta  “cómodo” hablar de “ser mansos” en un entorno empresarial, pero es tan fácil como cambiarle de nombre y ponerle  alguno que nuestras reglas sociales, validen más, pero no dejemos de quedarnos con lo importante, con la enjundia, con lo que la palabra significa y los comportamientos que ella pueda generar en un entorno como el actual, que necesita de más mansedumbre que  nunca en nuestras relaciones con otros.

¿Cómo definiría  la mansedumbre necesaria en los entornos de hoy?

  1. La mansedumbre, sin irnos muy lejos, es definida como “ la virtud que modera la ira y sus efectos”. Es una forma de templanza que evita todo comportamiento de resentimiento por el comportamiento del otro.” Si lo leemos así, tengamos la fe que tengamos, estoy segura que nos sentimos identificados y representados por esta definición, en pocas o muchas ocasiones, la frecuencia importa poco. Se dice que el resentimiento es un veneno que te tomas tu para matar al otro, y que razón tiene. Es cierto que no somos super hombres, claro que no, ni se espera esto de nosotros, pero si se espera generar entornos donde la virtud de la bondad con el otro, defina nuestras acciones, sea cual sea la persona de mi organización, y sea cual sea el lugar que ocupa en el “escalafón”. Es verdad que el mundo nos demanda cada vez estructuras mas planas, menos jerárquicas, donde el valor de una persona este definido por su contribución a un proyecto específico más que por su ubicación en la jerarquía de la compañía, pero aun así todavía en ocasiones las personas que formamos las organizaciones, nos relacionamos con otros de manera distinta según donde este el otro “ubicado”, cuando el valor,el verdadero valor , es mirar a los demás de igual a igual, de persona a persona, con la misma mirada, esté donde esté.
  2. La mansedumbre es paciencia, si señor,  es asentar  nuestras relaciones, “soportando” también del otro, aquello que más me cuesta soportar. Y en estos casos, la mejor manera para lograrlo, es pensar cuantas veces nosotros mismos, otras personas nos tienen que “soportar”. Es fácil además ver en los demás lo que no me gusta, pero ¿ nos hemos parado a pensar que  aquello que no “soportamos” del otro  es precisamente lo que no vemos o no queremos ver en nosotros mismos y por esto lo proyecto en los demás?. Doloroso recocerlo, pero mi experiencia me ha hecho aprender de esto,  y darme cuenta, que en este mundo cada vez más ágil, también he de poder parar para liderarme a mí mismo, ver lo que soy y lo que quiero llegar a ser como persona y desde ahí, dar los primeros pasos para transformarme y poder así ayudar a otro en esa transformación, esto es también para,  el liderazgo de los nuevos tiempos.
  3. La mansedumbre no es ser “blandengue” o débil, incapaz de tomar decisiones difíciles, No nos confundamos, nada que ver con esto, al revés supone una gran fortaleza interior para resistir a la ira, al enfado, para frenar las malas formas en las reacciones y para tomar decisiones difíciles o tener conversaciones difíciles a pesar de todo .Conversaciones, decisiones, acciones.. todo ello hay que hacerlo, y hay que levantar la voz frente a la injusticia, pero el proceso de reflexión para ponerlo en marcha, la propia comunicación no violenta que vaya ligada a ello, los sentimientos que la situación genere dentro de uno mismo-resentimiento, desaliento…-.todo esto es lo que distingue a una organización que tiene a la mansedumbre como virtud de base o todo lo contrario. Y para esto, aunque parezca mentira, hay que ser valientes para  líderar así en un entorno complejo, pero solo así daremos a las personas la experiencia que se merecen y dejaremos una huella para seguir otros, o todo lo contrario.
  4. La mansedumbre es confianza, es saber que actuar desde la bondad, es siempre beneficio a corto o a largo plazo, pero siempre beneficio para uno mismo y para todos. Esto significa que no es tanto “oponernos” o no a la idea del otro, a una situación determinada, si no oponernos a la violencia que en mi pueda surgir provocada por ello.
  5. La mansedumbre es lo opuesto a la rigidez,  es siempre tener la valentía para  decir lo que pensamos por el bien común, desde esta actitud y esa mirada, pero aceptar con humildad que no siempre nuestra visión será comprendida ni aprobada. En mi camino de liderazgo, he aprendido que la rigidez sale muchas veces, no por falta de flexibilidad, sino precisamente por darle al propio ego un lugar que no le corresponde. En este sentido, no puedo estar más de acuerdo con la reflexión que hace Jacques Philippe del texto de los hermanos Karamazow de Dostoievski. “Ante ciertas dificultades hay que recurrir a la violencia o al amor humilde? Decidid siempre el amor humilde, someteréis al mundo entero. La humildad llena de amor es la fuerza más tremenda de todas, nadie puede oponerse a ella”.
  6. La mansedumbre es tener la confianza plena que todo lo que sucede, siempre ayuda a nuestro crecimiento y al de los demás. Desde ahí, merece siempre la pena, seguir pensando, hablando y actuando desde nuestra mejor versión, y no la del otro. Demostrando esa valentía que nos ayuda a ser nosotros mismos, siempre, sea cual sea la situación. Las organizaciones complacientes, que no reconocen con humildad el camino que les queda por avanzar,  son en definitiva organizaciones cobardes, donde ningún líder ha levantado la mano para exponer con valentía y  mansedumbre, todo lo que desde su propia visión  es necesario cambiar.
  7. Mansedumbre, en nuestros vocablos habituales, significa nada más y nada menos que gestionar nuestra ira. Muchas veces nos escudamos en ella, convencidos de  que defendemos algo absolutamente esencial, pero no nos hemos  dado cuenta, que no siempre las gafas con las que miramos  son las mismas con las que mira el mundo el otro, o que simplemente es nuestro ego el que se defiende de algo que no quiere aceptar,  provocando en mi un impacto emocional negativo, y sin duda en el otro aún más.
  8. La mansedumbre solo es posible aflorarla si somos capaces de reconocer que YO también soy eso que no me gusta del otro y por esa razón proyecto fuera  lo que no quiero ver en mi. En mi vida personal  y profesional, he aprendido y sigo cada día aprendiendo  a parar y darme cuenta cuantas veces no he querido ver en los demás lo que yo misma tenía, pero es cierto que solo cuando te colocas en esta situación, aprendes a mirar al otro de una manera diferente, la mirada amable y mansa surge mas fácilmente a pesar de toda la dificultad que sin duda esto como ser humano esto conlleva.
  9. .La mansedumbre es también  aprender a reconocer y discernir  si somos nosotros los responsables de defender “la injusticia” que  vemos o sentimos, o estamos metiéndonos en responsabilidades ajenas. No pretendo promover silos, ni promover una actitud egoísta , en absoluto, pero mi experiencia también me ha enseñado lo importante de saber estar en nuestro lugar, y no en el del otro. Es verdad que no siempre es fácil estar ahí, o discernir lo que debería o no debería, pero es indispensable para mantener la calma hacia uno mismo y hacia los demás. Cuando aprendemos a distinguir si estamos  en el lugar adecuado, asumiremos la responsabilidad de decidir cual es la manera más sana , menos violenta y más compasiva para gestionar la situación.

 

Nadie nos hizo perfectos, por mucho que la sociedad en la que vivimos pretenda ensalzar las bondades de esto. La perfección es un fantasía, inalcanzable. En nuestras manos solo está reconocer que no lo somos, abrazar nuestras imperfecciones con toda la mansedumbre de la que seamos capaces. Solo cuando nos miremos bien y apreciemos todo lo que vemos dentro de nosotros mismos, podremos ser mansos con los demás. Solo desde esta perspectiva,  la mansedumbre hace milagros, el ser humano es capaz de comprender un poco mas, de calmar su ira interna, de aceptar lo que ve y aprender desde ahí  a proyectar cada vez menos hacia fuera y  transformarse internamente para poder después ayudar humildemente a la transformación de los demás.

Bienvenidos los bienaventurados.

Bienaventurados los que lloran

Bienaventurados los que lloran


La semana pasada quise compartir con vosotros el salto que hemos de dar para pasar del “to do” al “to feel” y asegurarnos que damos a todas la personas con las que nos relacionamos en  nuestro ecosistema una buena experiencia, es decir una experiencia verdaderamente auténtica, en este contexto ágil, vulnerable y digital. Este es desde mi punto de vista uno de los principales desafíos que tenemos en liderazgo para los próximos años.

Hoy quiero compartir con vosotros, ese camino para llegar al «to feel» y complementar así un buen liderazgo , el de los nuevos tiempos, el de las #Organizaciones N5º.

Es cierto que a mí me mueve en la vida y en mis decisiones y acciones, la fe que tengo, desde luego sin mérito alguno, simplemente la tengo y la intento cultivar conmigo y con los que me rodean. Y desde ese prisma, aprendo y comparto para poder ser acompañada y acompañar  de la mejor manera posible a otros. Creo además que tengamos las creencias que tengamos, todas tienen una base común que nos permite compartir y trabajar por un futuro siempre mejor para los que nos sigan.

Y desde ahí, quiero hablar de las diferentes bienaventuranzas que al menos a mi me inspiran y que como digo, tienen mucho que ver con ese «to feel» tan necesario hoy. En particular en este «Sunday Post» quiero hablar de los que lloran, si, de los que también lloramos. Quiero hacer la similitud con esa bienaventuranza que seguramente casi todos conocemos desde el cole.

“ Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”. Y quiero hablar de esa bienaventuranza aterrizada a nuestro día a día, independientemente de la fe que profesemos cada uno , intentándolo hacer fácil de entender  y aplicar también en nuestras organizaciones, como líderes o sin serlo,  para generar la mejor experiencia posible a otros, sin hacer grandilocuencias de nada y hacerlo teniendo en cuenta dos  perspectivas:

La Vulnerabilidad y autenticidad como palanca de crecimiento para uno:

La palabra vulnerabilidad deriva del latín vulnerabilis. Está compuesto por vulnus, que significa ‘herida’, y el sufijo –abilis, que indica posibilidad; por lo tanto, etimológicamente, vulnerabilidad indica una mayor probabilidad de ser herido. Todas las cosas, objetos, personas y situaciones sufren de vulnerabilidad frente a algo. Tenemos a veces la creencia escondida en nuestro ego narcisista, que nada puede herirnos ni hacernos llorar o al menos no lo mostramos.

En este contexto actual, sin duda somos más vulnerables por que no sabemos cómo el entorno nos puede impactar en un momento con altas tasas de contagio como la actual, y esto lo compartimos con los demás sin avergonzarnos por ello, pero lo que no compartimos con la misma frecuencia, es cómo nos sentimos internamente, y cuanta ayuda querríamos pedir pero no nos atrevemos, cuando la tristeza o el miedo, o la inseguridad nos embargan por alguna situación por miedo a ser juzgado y en el fondo, a no ser aceptado con la imagen de que  espera de nosotros hacia los demás.

Pero nos equivocamos… “bienaventurados los que lloran” y “dejan llorar”  a otros si es necesario. Hemos de abrir las puertas y dar permiso a nosotros mismos  los primeros a que entren conversaciones, y acompañamientos basados en cubrir nuestras necesidades mas intimas, más humanas, también en el entorno laboral, por que las fronteras hoy son más liquidas que nunca. La capacidad de ser compasivos y de empatizar con los demás, solo nace si nosotros también hemos tenido la experiencia de necesitar esta compasión y empatía de otros.

Y es difícil comprender que incluso en estos momentos, estamos aprendiendo desde la humildad mas absoluta, que ocupemos el puesto que ocupemos en una organización, también somos frágiles y vulnerables en ocasiones y que es en esos momentos donde nos gustaría sentir que somos cuidados por otros, por sus palabras y por sus acciones. No hay mejor regalo que recibir un acompañamiento así.

La Vulnerabilidad y autenticidad como palanca de crecimiento para otros:

Solo cuando hemos sufrido y compartido situaciones similares a las que han vivido y padecido otros, nuestro  acercamiento a los demás es autçentico y verdadero. Pero incluso así, este acercamiento hemos de aprender a  hacerlo con gran cuidado  para que no se traduzca solo en buenas intenciones sino que de verdad sea un acompañamiento que ayude a la recuperación del otro. Como dice Jacques Philippe “Que no nos convirtamos en esos consoladores que vamos a otros a “darles lecciones de lo que tienen que hacer.”

En mi experiencia personal, he aprendido cometiendo errores a acompañar hoy de la mejor manera que se, y en ese camino he aprendido la importancia de dedicar el tiempo que esa situación y esa persona merecía, a darme cuenta que la presencia plena con el otro, es un elemento vital para conectar de verdad, y que sin duda era necesario entender que mi ritmo no tenia por qué ser el mismo ritmo del otro.

Por ello hoy quiero compartir brevemente mi  experiencia y algunas reflexiones que  permiten al ser humano llegar “Más allá de la empatía” para poder desde la vulnerabilidad y autenticidad,   consolar a otros: ¿ Cómo indagamos, cómo sintonizamos y cómo nos implicamos.? Esta será la pregunta que deberíamos hacernos para poder “consolar” a cualquier persona con la que me relaciono  también en nuestros entornos laborales.

¿Cómo indagamos?: Tiene que ver en cómo nos acercamos a otro con la curiosidad de niño para escuchar sin juicio  y hacer las preguntas que puedan ayudarle a comprender y remontar, a explorar nuevas vías de consciencia. Estos momentos debemos generarlos en un contexto de una confianza y seguridad absolutas donde las personas de nuestros equipos, nuestros colegas, o porque no, nuestros propios lideres  no tengan miedo a buscar nuevos modos de encontrar soluciones a una situación.

En este primer momento , hay especialmente tres  elementos clave que hemos de tener en cuenta:

Respeto por el otro: Es la base de una buena indagación, el respeto hace que la otra persona se sienta protegido y con disposición a buscar respuestas a la situación que vive, sin miedo, sintiéndose comprendido y acompañado por nosotros como líderes. No olvidemos que siempre hay una razón muy importante por la que esa persona está  viviendo esa situación  de esta manera, y ahí hemos de estar para acompañarla en la medida de lo posible.

Interés autentico: Si no hay autenticidad de contacto, no hay nada. Este se demuestra con las palabras, pero también con nuestra voz, nuestros gestos y especialmente nuestra  mirada, hoy especialmente, donde las mascarillas nos están diciendo más alto que nunca, el valor de mirar antes que de hablar. Las conversaciones motivadas por un interés autentico cobran vida propia. En estas conversaciones, todo es importante para el otro, aunque no lo sea para uno mismo.

Atención constante al contacto: Necesitamos un buen contacto para que el ser humano pueda empezar su propia experiencia interna. Al mismo tiempo como líderes hemos de estar constantemente pendientes de ver la calidad del contacto  que tenemos con nosotros mismos porque  si nos desconectamos de nosotros ,será nuestra imagen la que esté conectando con el otro, pero no nuestra esencia verdadera,  que es lo que de verdad cuenta.

¿Cómo sintonizamos?: Lo que habitualmente llamamos “sintonía”. Es verdad que la sintonía puede surgir naturalmente entre dos personas pero puede que no. Como líderes, la sintonía hoy en día hay que trabajarla y aprenderla más que nunca para poder acompañar a nuestros equipos en los desafíos que tendremos en los próximos años.

La sintonía  cognitiva, intentando comprender los pensamientos de la otra persona y el contenido de sus observaciones, yendo más allá de la simple comprensión e intentando  entender la «lógica del otro» (como conecta ideas, tipos de razonamiento..)

La sintonía  afectiva, estando  atentos al afecto que siente esta persona  por nosotros  e intentar responder de una manera reciproca, de manera personal y auténtica adaptándonos a las necesidades que el otro tiene en esos momentos.

La sintonía rítmica, encontrando  un ritmo para que esa conversación que mantenemos  integre pensamiento y sentimiento. Los ritmos de cada persona son únicos, y no podemos esperar del otro el mismo ritmo que yo necesito para superar un desafío, una dificultad. Nuestra sintonización se trasmite también con las palabras que elijamos, con el tono de voz, nuestra expresión y nuestros gestos, todo forma parte de este acompañamiento que hemos decidido dar al otro para sacar lo mejor de si mismo.

¿Cómo nos implicamos? La implicación comienza con el compromiso del líder  con el bienestar de sus colegas, de sus equipos. por esto como tales hemos de tener  en cuenta si las acciones que llevamos  a cabo son realmente para ayudar al otro  o tal vez puedan ser para satisfacer nuestras propias necesidades. El mundo y nuestras vidas van tan rápido, que como digo, siempre es importante parar a darnos cuenta. ¿A quien servimos? ¿A los demás o a nuestros egos?

Por ello creo que necesitamos integrar al menos tres ingredientes fundamentales:

El reconocimiento: Significa que reconocemos a esa persona,  con su afecto, sus necesidades, con su ritmo y su fase evolutiva.

La Validación: Es un paso más allá del reconocimiento por que validamos la experiencia que tiene la otra persona, porque no la juzgamos, ni nos burlamos, ni la cuestionamos, De alguna manera es trasladarle a esa persona de nuestro  equipo, que la tomo en serio, que apreciamos y respetamos su vivencia tal y como es.

 La presencia: Cuando somos capaces de establecer contacto con cada persona, estando “con” y “para el”  poniendo nuestras  necesidades y deseos en un segundo plano.

En definitiva, acompañar a otro, y consolarlo, en sentido amplio, para liberar lo mejor de ella como persona y profesional, requiere mucho de todo esto.

Es verdad que nos han enseñado a creernos que solo “se vale” ser perfectos por dentro y por fuera,  cuando realmente el ser humano es mucho más complejo que todo esto. Esto no quiere decir que no hayamos de estar absolutamente implicados en nuestro crecimiento como personas para que ello también nos sirva para crecer como profesionales y como líderes, eso no significa que no hayamos de trabajar la resiliencia como una de las skills más importantes de esta nueva era que nos está tocando vivir y nos tocará vivir en los próximos años, sin duda, pero no olvidemos que somos seres humanos y como tal  estamos en beta permanente. Y precisamente por ello, hemos de dejar espacio a esa vulnerabilidad que nos permita levantar la mano para ser acompañado cuando, a pesar de esa resiliencia, “lloro” y dar un paso adelante para acompañar cuando otros también lo hacen.

Que en este nuevo contexto, ágil, vulnerable y digital, no dejemos de liderar desde una actitud positiva frente al negativismo permanente, desde la responsabilidad frente al  victimismo,  desde la confianza plena frente al desaliento, desde el agradecimiento frente a la  queja, pero sobre todo desde nuestra humanidad frente a todo lo demás.

No hay Bienaventuranza más grande que esta.

¡FELIZ LIDERAZGO!

¡FELIZ LIDERAZGO!


¡Buenos días y felicísimo año 2021! Ahí os dejo mi post especial para comenzar este nuevo año, con agradecimiento, mucho agradecimiento y 5 mensajes clave. ¡Feliz liderazgo! Haz clic aquí