La semana pasada tuve la oportunidad de estar compartiendo conversaciones sobre el liderazgo no escrito con dos grandes compañeros de cordada, Santiago Alvarez del Mon y Jordi Nadal, todo un lujo. Mucho de lo que conversamos en Canal CEO, ese día tenía que ver con lo que para mí recoge esta  quinta bienaventuranza

La quinta bienaventuranza toca todos los aspectos de la misericordia; el perdón, la bondad, la paciencia, la mansedumbre de la  que hablaba  hace unas semanas, pero seguramente el perdón es el aspecto  más complejo  y de los más  necesarios en el mundo de hoy.

Hoy quiero hablar de ello, de esa palanca, esa “competencia espiritual” tan necesaria para lograr ser organizaciones ágiles en nuestro día a día, y acelerar ese necesario performance que todas las compañías hoy necesitamos. El perdón es sin duda  una “ventaja competitiva”, y más cuanta más responsabilidad tenga una persona en una organización.

¿Qué es el perdón.?

Si vamos a la definición de perdón, es “la decisión de no guardar rencor ni resentimiento, o ira hacia otra persona, pese a lo que nos haya hecho, es la decisión de suprimir el deseo de venganza”.

El perdón es por tanto un acto de voluntad, es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos, no sentimos más la ofensa, ni el rencor, y nos liberamos de algo que nos ha tenido retenidos el tiempo que ha durado.

¿Qué significa perdonar?

  1. Hay diferentes opiniones respecto a lo que esto significa, para mi significa comprender incluso aunque no comprenda al otro y olvidar. Olvidar la falta que sentimos que una persona ha cometido hacia nosotros y no tener por ello ningún tipo de venganza ni rencor. Solo cuando perdonamos, podemos recuperar honestamente la relación, la actividad, el vínculo y la colaboración o el dialogo que tal vez se hubiera perdido.
  2. Perdonar para cada uno de nosotros, como seres humanos, no suele resultarnos tarea fácil pues es un proceso que requiere humildad, valor, autoestima, amor y desprendimiento. Sin embargo, no hacerlo, supone identificar a la persona con el daño que nos ha hecho, sin darnos cuenta que todos somos mucho más grandes que el propio hecho o la propia acción. Como bien decía el más grande de todos los líderes, “No te dejes vencer por el mal, vence el mal con el bien”. Cuando finalmente somos capaces de tener la valentía, la humildad y la capacidad de comprender para perdonar, de repente nos liberamos de algo, de una dependencia emocional del pasado y nos sentimos en calma interna, nos sentimos en paz.
  3. Comprender y olvidar, nos permite también reconocer que no tenemos ningún derecho a hacer “sufrir” a un compañero, o a una persona de nuestro equipo ,o a un manager, o a un directivo lo que tal vez ellos nos hayan hecho sufrir en mayor o menor medida, puesto que nunca vamos a reconstruirnos nosotros del posible daño hecho, destruyendo a los demás. Uno no es mas grande por “ganar” esa batalla, sino todo lo contrario.
  4. Comprender y olvidar, supone dejar de hacer de nuestras vidas una cuenta de explotación. Como bien dice Jackes Philipe “Cada decepción sufrida, cada herida se transforma muchas veces en una factura que registramos en nuestra contabilidad”. No puedo estar más de acuerdo con él, la relación con el otro no lo podemos basar en esto, ni mucho menos, es verdad que el ser humano tiene a buscar el equilibrio en todo; nos hacen un regalo  e intentamos regalar y responder al mismo nivel , nos invitan a comer y respondemos tiempo después con la misma moneda, hoy no voy a entrar a cuestionar este punto, que tiene mucho de qué hablar también, pero si quiero poner el acento, en que este buscado equilibrio, muchas veces de sano y auténtico tiene poco y en el ámbito del perdón, todavía menos. En este caso, todavía es más necesario salir de la “dinámica del intercambio”  y entrar en el camino de una única dirección, donde lo que yo doy es el único combustible que asegura que, con cualquier persona y en cualquier situación, lo que verdaderamente importa es esa entrega que define mi calidad humana, en mi día a día. Esto lo engrandece todo.
  5. Comprender y olvidar significa para mi ser capaz de mirar a tu compañero, a tu manager, a tu equipo con esa mirada que ama sin límites, a pesar del daño. Significa comprender qué detrás de  ese comportamiento de la otra persona  que ha provocado ruptura, distancia, desencuentro hay unas necesidades de ésta sin cubrir, que muchas veces ni siquiera ella misma es capaz de entender. Y por ello hemos de ser capaces de comprender más, aceptar más y acoger más y mejor la  incapacidad del otro  para hacerlo mejor.  Con esto no quiero decir que la valoración del hecho no pueda ser negativa o difícil de justificar, pero el perdón lo que significa es que a pesar de ello, mis pensamientos no pretenden buscar” justicia” a toda cosa, o deseo de venganza, sino comprensión, simplemente comprensión. “En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla. Tratemos de imaginarnos por qué hacen lo que hacen. Eso es mucho más provechoso y más interesante que la crítica; y de ello surge la simpatía, la tolerancia y la bondad. “Saberlo todo es perdonarlo todo.” –
  6. Comprender y olvidar para poder perdonar, también significa tener humildad, por que cuando perdonamos, nos bajamos “de las alturas”, dejamos de mirar desde arriba, dejamos de reivindicar nuestros derechos y nos ponemos en el mismo nivel, para mirar de persona a persona, y como digo, comprender sin justificar, pero siempre comprender, perdonar y cerrar. Cuanto menos se pretende del otro, mas uno es capaz de dar a los demás y más se recibe.
  7. Comprender y olvidar para poder perdonar, no significa dejar nuestras necesidades a parte, claro que no, sino que satisfacer éstas lo hemos de hacer sin buscar al mismo tiempo hacer daño al otro.
  8. Comprender y olvidar , significa, por muy difícil que esto sea, seguir deseándole lo mejor al otro, sabiendo que curar la herida que nos haya podido provocar, solo depende de nuestro compromiso con el cuidado hacia  nosotros mismos.
  9. Comprender las imperfecciones de todo ser humano  y olvidar  la herida generada por otros en nuestra ajetreada vida personal y profesional ,supone aceptar  cualquier sentimiento, cualquier pensamiento, emoción o sensación  que la otra persona nos haya podido generar. Claro que sí. No caigamos en el error de pensar  que solo tener la voluntad de  perdonar nos suprimirá todo aquello en un santiamén. Como seres mortales que somos, no hemos de olvidar que el perdón es un acto de voluntad cuya principal finalidad es tener la firme voluntad de reforzar nuestros valores más humanos, a pesar del posible sufrimiento generado.
  10. Comprender y olvidar significa también, que a pesar de la experiencia dolorosa que colegas, equipos o nuestros propios lideres hayan   podido  dejar en nosotros en algún momento, en alguna de las múltiples relaciones, encuentros y colaboraciones que se dan en nuestras  organizaciones día a día, hemos de tener siempre presente que nuestra calidad humana se pondrá en evidencia cuando a pesar de todo ello, seguimos destacando  las cualidades de aquellos. Es verdad que, como se suele decir, “la crítica une”, pero es verdad también, que, lo contrario, “poner brillo al otro”, no sólo  une de una manera mucho más saludable, sino que además, amplia lazos, da oportunidades, y por ende, suma al propósito, suma para lograr esos éxitos tan esperados como organización. Poner brillo a tu colega, a tu líder, a tu compañero, a aquel que tal vez nos cueste perdonar, esto es “misericordia” aterrizada al día día, tan fácil de entender, pero no siempre fácil de hacer para  el ser humano, pero no olvidemos que  ahí reside parte importante de  nuestra bondad.

¿Qué significa pedir perdón?

Desgraciadamente, al ser humano por naturaleza, le encanta mirarse al ombligo, y pensar más veces de las que debería en si mismo  y sus deseos y necesidades y no tanto en las de los demás. Como personas que trabajamos en una organización, no es muy distinto, tendemos a estar más pendientes de las deudas que el otro “me debe” pero no miramos esas deudas que nosotros debemos a los demás.  Con el perdón y con lo que a mí me gusta llamar la “misericordia organizacional”, sucede lo mismo.

Es cierto que todavía soy  una novata en este camino de la excelencia para lograr siempre acertar con los demás, y me sigue doliendo cada vez que me equivoco, pero también en este camino me llevo experiencias y aprendizajes para intentar hacerlo un poco mejor la próxima vez. El mundo va muy rápido y nuestros entornos demandan mas resultados en menos tiempo y menos recursos, y es importante que precisamente por ello, tengamos en cuenta que podemos herir sin querer una mil veces y cada vez con mayor facilidad, y que si de verdad queremos ser empresas atractivas, y generar la mejor experiencia a nuestra gente, la misericordia, también ha de formar parte de la propuesta de valor.

En este camino de aprendizaje comparto con vosotros estos puntos  que pueden servirnos  para asegurar precisamente esto, que la experiencia que damos a los demás es la mas humana posible.

Reconocer que lo que hicimos pudo causar daño al otro. El proceso de reconocerlo implica un acercamiento sincero al compañero,  a  la persona de tu equipo, a nuestros managers, con verdadera comprensión y empatía, con la única intención de reparar, sin saber lo que de ese encuentro finalmente surgirá. Las reacciones al perdón son imprevisibles, pero incluso así, como personas y más como líderes de una organización, hemos de dar este paso, siempre, y  estar preparados para ese contexto incierto. En mi experiencia, he aprendido que la vergüenza y la culpa forman parte muchas veces de estos momentos, y que a estas emociones también hay que darles el espacio que merecen para poder avanzar.

2º  Tener en cuenta en el momento de querer pedir nosotros perdón – en otras palabras,  pedir la misericordia del otro-  es que hemos de “sostener” la expresión del sufrimiento, de la queja o de la herida ocasionada al otro, de forma plena. Es el momento de tener la valentía y humildad para sentir de verdad y  mantener nuestro error y el dolor ajeno, aunque duela. Esto también forma parte de ese liderazgo no escrito tan  necesario para  diseñar el nuevo liderazgo necesario hoy.

3º Parar a darnos  cuenta de la importancia de aceptar nuestras imperfecciones, no rechazar de nosotros mismos eso que también “somos”  y que  hace daño a otros a pesar de no quererlo.

4º Tener el firme compromiso de comprender la motivación que subyacía a nuestra  conducta, y trabajar para repararlo, con nosotros mismos y con el feedback  que hayamos  pedido a los demás para seguir mejorando.

5ºSer capaz de verbalizar nuestra intención, si , decir “perdón”, no un perdón cualquiera, como el que dice “buenos días” casi de manera automática,  me refiero a un “perdón” auténtico, profundo, honesto, sincero y claro. Lo más fácil y al mismo tiempo lo más difícil.

En definitiva, podemos tener la falsa creencia que perdonar o ser perdonados  es solo  “cosa de curas”, pero siento disentir, es verdad que ser una persona religiosa con toda una vida trabajando un camino espiritual puede ayudar a ejercer el perdón con mayor facilidad, esto no lo dudo, pero el perdón es también un don a disposición de cualquiera, gratuito, disponible a cualquier hora y en cualquier situación, pero  reconocer que nosotros, como simples mortales  también tenemos esta posibilidad de hacerlo nuestro, nos obliga a reconocer desde nuestros grandes egos, que en el fondo, es un tema que nos resulta difícil e incómodo.

Como mortal que yo también soy  pero con un deseo de  tomar decisiones, y emprender acciones con la mayor calidad humana de la que soy capaz, en mi experiencia de liderazgo, he aprendido, que solo liderando desde esta “misericordia organizacional”, podemos avanzar. Sigo siendo una absoluta principiante en este desafiante camino de liderazgo, pero a pesar de ello, soy una convencida que solo teniendo  un acercamiento desde ahí, con nuestros equipos, con nuestros colegas y nuestros superiores, lograremos ser organizaciones saludables.

Tengamos muy en cuenta que en el mundo que ahora vivimos, donde la agilidad impera, la capacidad de perdonar y pedir perdón al otro, es también  una palanca para lograrla porque nos permite desatascar relaciones deterioradas, recuperar una colaboración necesaria para lograr un producto final, o retomar la ilusión del proyecto y sobre todo, restaurar nuestro propio liderazgo, el que nos permite a nosotros mismos no perder la brújula para seguir impulsando nuestra organización con agilidad y determinación, y hacer que los demás puedan ver en nuestro ejemplo una referencia para ir veloz, ágil, comprendiendo y olvidando todo aquello que nos impida avanzar.

Bienaventurad@s los lideres misericordiosos.

 

 

 

 

 

 

 

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