Bienaventurados los mansos.

Bienaventurados los mansos.


La mansedumbre es unas de las manifestaciones de amor más poderosas, y tiene la capacidad de atraer corazones. Es verdad que en un mundo tan competitivo como el actual, parece que solo funciona el despotismo y la arrogancia frente a algo tan potente, y con tanta capacidad de transformación como pueda ser la mansedumbre.

Hoy quiero compartir lo que para mi significa  “ser mansos” en el mundo de hoy, qué beneficios tiene, y qué barreras hemos de eliminar como lideres para que lideremos en este nuevo futuro del empleo, que tiene mucho de futuro, pero que necesita también referencias del  liderazgo de los grandes de siempre.

Seguramente no nos resulta  “cómodo” hablar de “ser mansos” en un entorno empresarial, pero es tan fácil como cambiarle de nombre y ponerle  alguno que nuestras reglas sociales, validen más, pero no dejemos de quedarnos con lo importante, con la enjundia, con lo que la palabra significa y los comportamientos que ella pueda generar en un entorno como el actual, que necesita de más mansedumbre que  nunca en nuestras relaciones con otros.

¿Cómo definiría  la mansedumbre necesaria en los entornos de hoy?

  1. La mansedumbre, sin irnos muy lejos, es definida como “ la virtud que modera la ira y sus efectos”. Es una forma de templanza que evita todo comportamiento de resentimiento por el comportamiento del otro.” Si lo leemos así, tengamos la fe que tengamos, estoy segura que nos sentimos identificados y representados por esta definición, en pocas o muchas ocasiones, la frecuencia importa poco. Se dice que el resentimiento es un veneno que te tomas tu para matar al otro, y que razón tiene. Es cierto que no somos super hombres, claro que no, ni se espera esto de nosotros, pero si se espera generar entornos donde la virtud de la bondad con el otro, defina nuestras acciones, sea cual sea la persona de mi organización, y sea cual sea el lugar que ocupa en el “escalafón”. Es verdad que el mundo nos demanda cada vez estructuras mas planas, menos jerárquicas, donde el valor de una persona este definido por su contribución a un proyecto específico más que por su ubicación en la jerarquía de la compañía, pero aun así todavía en ocasiones las personas que formamos las organizaciones, nos relacionamos con otros de manera distinta según donde este el otro “ubicado”, cuando el valor,el verdadero valor , es mirar a los demás de igual a igual, de persona a persona, con la misma mirada, esté donde esté.
  2. La mansedumbre es paciencia, si señor,  es asentar  nuestras relaciones, “soportando” también del otro, aquello que más me cuesta soportar. Y en estos casos, la mejor manera para lograrlo, es pensar cuantas veces nosotros mismos, otras personas nos tienen que “soportar”. Es fácil además ver en los demás lo que no me gusta, pero ¿ nos hemos parado a pensar que  aquello que no “soportamos” del otro  es precisamente lo que no vemos o no queremos ver en nosotros mismos y por esto lo proyecto en los demás?. Doloroso recocerlo, pero mi experiencia me ha hecho aprender de esto,  y darme cuenta, que en este mundo cada vez más ágil, también he de poder parar para liderarme a mí mismo, ver lo que soy y lo que quiero llegar a ser como persona y desde ahí, dar los primeros pasos para transformarme y poder así ayudar a otro en esa transformación, esto es también para,  el liderazgo de los nuevos tiempos.
  3. La mansedumbre no es ser “blandengue” o débil, incapaz de tomar decisiones difíciles, No nos confundamos, nada que ver con esto, al revés supone una gran fortaleza interior para resistir a la ira, al enfado, para frenar las malas formas en las reacciones y para tomar decisiones difíciles o tener conversaciones difíciles a pesar de todo .Conversaciones, decisiones, acciones.. todo ello hay que hacerlo, y hay que levantar la voz frente a la injusticia, pero el proceso de reflexión para ponerlo en marcha, la propia comunicación no violenta que vaya ligada a ello, los sentimientos que la situación genere dentro de uno mismo-resentimiento, desaliento…-.todo esto es lo que distingue a una organización que tiene a la mansedumbre como virtud de base o todo lo contrario. Y para esto, aunque parezca mentira, hay que ser valientes para  líderar así en un entorno complejo, pero solo así daremos a las personas la experiencia que se merecen y dejaremos una huella para seguir otros, o todo lo contrario.
  4. La mansedumbre es confianza, es saber que actuar desde la bondad, es siempre beneficio a corto o a largo plazo, pero siempre beneficio para uno mismo y para todos. Esto significa que no es tanto “oponernos” o no a la idea del otro, a una situación determinada, si no oponernos a la violencia que en mi pueda surgir provocada por ello.
  5. La mansedumbre es lo opuesto a la rigidez,  es siempre tener la valentía para  decir lo que pensamos por el bien común, desde esta actitud y esa mirada, pero aceptar con humildad que no siempre nuestra visión será comprendida ni aprobada. En mi camino de liderazgo, he aprendido que la rigidez sale muchas veces, no por falta de flexibilidad, sino precisamente por darle al propio ego un lugar que no le corresponde. En este sentido, no puedo estar más de acuerdo con la reflexión que hace Jacques Philippe del texto de los hermanos Karamazow de Dostoievski. “Ante ciertas dificultades hay que recurrir a la violencia o al amor humilde? Decidid siempre el amor humilde, someteréis al mundo entero. La humildad llena de amor es la fuerza más tremenda de todas, nadie puede oponerse a ella”.
  6. La mansedumbre es tener la confianza plena que todo lo que sucede, siempre ayuda a nuestro crecimiento y al de los demás. Desde ahí, merece siempre la pena, seguir pensando, hablando y actuando desde nuestra mejor versión, y no la del otro. Demostrando esa valentía que nos ayuda a ser nosotros mismos, siempre, sea cual sea la situación. Las organizaciones complacientes, que no reconocen con humildad el camino que les queda por avanzar,  son en definitiva organizaciones cobardes, donde ningún líder ha levantado la mano para exponer con valentía y  mansedumbre, todo lo que desde su propia visión  es necesario cambiar.
  7. Mansedumbre, en nuestros vocablos habituales, significa nada más y nada menos que gestionar nuestra ira. Muchas veces nos escudamos en ella, convencidos de  que defendemos algo absolutamente esencial, pero no nos hemos  dado cuenta, que no siempre las gafas con las que miramos  son las mismas con las que mira el mundo el otro, o que simplemente es nuestro ego el que se defiende de algo que no quiere aceptar,  provocando en mi un impacto emocional negativo, y sin duda en el otro aún más.
  8. La mansedumbre solo es posible aflorarla si somos capaces de reconocer que YO también soy eso que no me gusta del otro y por esa razón proyecto fuera  lo que no quiero ver en mi. En mi vida personal  y profesional, he aprendido y sigo cada día aprendiendo  a parar y darme cuenta cuantas veces no he querido ver en los demás lo que yo misma tenía, pero es cierto que solo cuando te colocas en esta situación, aprendes a mirar al otro de una manera diferente, la mirada amable y mansa surge mas fácilmente a pesar de toda la dificultad que sin duda esto como ser humano esto conlleva.
  9. .La mansedumbre es también  aprender a reconocer y discernir  si somos nosotros los responsables de defender “la injusticia” que  vemos o sentimos, o estamos metiéndonos en responsabilidades ajenas. No pretendo promover silos, ni promover una actitud egoísta , en absoluto, pero mi experiencia también me ha enseñado lo importante de saber estar en nuestro lugar, y no en el del otro. Es verdad que no siempre es fácil estar ahí, o discernir lo que debería o no debería, pero es indispensable para mantener la calma hacia uno mismo y hacia los demás. Cuando aprendemos a distinguir si estamos  en el lugar adecuado, asumiremos la responsabilidad de decidir cual es la manera más sana , menos violenta y más compasiva para gestionar la situación.

 

Nadie nos hizo perfectos, por mucho que la sociedad en la que vivimos pretenda ensalzar las bondades de esto. La perfección es un fantasía, inalcanzable. En nuestras manos solo está reconocer que no lo somos, abrazar nuestras imperfecciones con toda la mansedumbre de la que seamos capaces. Solo cuando nos miremos bien y apreciemos todo lo que vemos dentro de nosotros mismos, podremos ser mansos con los demás. Solo desde esta perspectiva,  la mansedumbre hace milagros, el ser humano es capaz de comprender un poco mas, de calmar su ira interna, de aceptar lo que ve y aprender desde ahí  a proyectar cada vez menos hacia fuera y  transformarse internamente para poder después ayudar humildemente a la transformación de los demás.

Bienvenidos los bienaventurados.

Bienaventurados los que lloran

Bienaventurados los que lloran


La semana pasada quise compartir con vosotros el salto que hemos de dar para pasar del “to do” al “to feel” y asegurarnos que damos a todas la personas con las que nos relacionamos en  nuestro ecosistema una buena experiencia, es decir una experiencia verdaderamente auténtica, en este contexto ágil, vulnerable y digital. Este es desde mi punto de vista uno de los principales desafíos que tenemos en liderazgo para los próximos años.

Hoy quiero compartir con vosotros, ese camino para llegar al «to feel» y complementar así un buen liderazgo , el de los nuevos tiempos, el de las #Organizaciones N5º.

Es cierto que a mí me mueve en la vida y en mis decisiones y acciones, la fe que tengo, desde luego sin mérito alguno, simplemente la tengo y la intento cultivar conmigo y con los que me rodean. Y desde ese prisma, aprendo y comparto para poder ser acompañada y acompañar  de la mejor manera posible a otros. Creo además que tengamos las creencias que tengamos, todas tienen una base común que nos permite compartir y trabajar por un futuro siempre mejor para los que nos sigan.

Y desde ahí, quiero hablar de las diferentes bienaventuranzas que al menos a mi me inspiran y que como digo, tienen mucho que ver con ese «to feel» tan necesario hoy. En particular en este «Sunday Post» quiero hablar de los que lloran, si, de los que también lloramos. Quiero hacer la similitud con esa bienaventuranza que seguramente casi todos conocemos desde el cole.

“ Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”. Y quiero hablar de esa bienaventuranza aterrizada a nuestro día a día, independientemente de la fe que profesemos cada uno , intentándolo hacer fácil de entender  y aplicar también en nuestras organizaciones, como líderes o sin serlo,  para generar la mejor experiencia posible a otros, sin hacer grandilocuencias de nada y hacerlo teniendo en cuenta dos  perspectivas:

La Vulnerabilidad y autenticidad como palanca de crecimiento para uno:

La palabra vulnerabilidad deriva del latín vulnerabilis. Está compuesto por vulnus, que significa ‘herida’, y el sufijo –abilis, que indica posibilidad; por lo tanto, etimológicamente, vulnerabilidad indica una mayor probabilidad de ser herido. Todas las cosas, objetos, personas y situaciones sufren de vulnerabilidad frente a algo. Tenemos a veces la creencia escondida en nuestro ego narcisista, que nada puede herirnos ni hacernos llorar o al menos no lo mostramos.

En este contexto actual, sin duda somos más vulnerables por que no sabemos cómo el entorno nos puede impactar en un momento con altas tasas de contagio como la actual, y esto lo compartimos con los demás sin avergonzarnos por ello, pero lo que no compartimos con la misma frecuencia, es cómo nos sentimos internamente, y cuanta ayuda querríamos pedir pero no nos atrevemos, cuando la tristeza o el miedo, o la inseguridad nos embargan por alguna situación por miedo a ser juzgado y en el fondo, a no ser aceptado con la imagen de que  espera de nosotros hacia los demás.

Pero nos equivocamos… “bienaventurados los que lloran” y “dejan llorar”  a otros si es necesario. Hemos de abrir las puertas y dar permiso a nosotros mismos  los primeros a que entren conversaciones, y acompañamientos basados en cubrir nuestras necesidades mas intimas, más humanas, también en el entorno laboral, por que las fronteras hoy son más liquidas que nunca. La capacidad de ser compasivos y de empatizar con los demás, solo nace si nosotros también hemos tenido la experiencia de necesitar esta compasión y empatía de otros.

Y es difícil comprender que incluso en estos momentos, estamos aprendiendo desde la humildad mas absoluta, que ocupemos el puesto que ocupemos en una organización, también somos frágiles y vulnerables en ocasiones y que es en esos momentos donde nos gustaría sentir que somos cuidados por otros, por sus palabras y por sus acciones. No hay mejor regalo que recibir un acompañamiento así.

La Vulnerabilidad y autenticidad como palanca de crecimiento para otros:

Solo cuando hemos sufrido y compartido situaciones similares a las que han vivido y padecido otros, nuestro  acercamiento a los demás es autçentico y verdadero. Pero incluso así, este acercamiento hemos de aprender a  hacerlo con gran cuidado  para que no se traduzca solo en buenas intenciones sino que de verdad sea un acompañamiento que ayude a la recuperación del otro. Como dice Jacques Philippe “Que no nos convirtamos en esos consoladores que vamos a otros a “darles lecciones de lo que tienen que hacer.”

En mi experiencia personal, he aprendido cometiendo errores a acompañar hoy de la mejor manera que se, y en ese camino he aprendido la importancia de dedicar el tiempo que esa situación y esa persona merecía, a darme cuenta que la presencia plena con el otro, es un elemento vital para conectar de verdad, y que sin duda era necesario entender que mi ritmo no tenia por qué ser el mismo ritmo del otro.

Por ello hoy quiero compartir brevemente mi  experiencia y algunas reflexiones que  permiten al ser humano llegar “Más allá de la empatía” para poder desde la vulnerabilidad y autenticidad,   consolar a otros: ¿ Cómo indagamos, cómo sintonizamos y cómo nos implicamos.? Esta será la pregunta que deberíamos hacernos para poder “consolar” a cualquier persona con la que me relaciono  también en nuestros entornos laborales.

¿Cómo indagamos?: Tiene que ver en cómo nos acercamos a otro con la curiosidad de niño para escuchar sin juicio  y hacer las preguntas que puedan ayudarle a comprender y remontar, a explorar nuevas vías de consciencia. Estos momentos debemos generarlos en un contexto de una confianza y seguridad absolutas donde las personas de nuestros equipos, nuestros colegas, o porque no, nuestros propios lideres  no tengan miedo a buscar nuevos modos de encontrar soluciones a una situación.

En este primer momento , hay especialmente tres  elementos clave que hemos de tener en cuenta:

Respeto por el otro: Es la base de una buena indagación, el respeto hace que la otra persona se sienta protegido y con disposición a buscar respuestas a la situación que vive, sin miedo, sintiéndose comprendido y acompañado por nosotros como líderes. No olvidemos que siempre hay una razón muy importante por la que esa persona está  viviendo esa situación  de esta manera, y ahí hemos de estar para acompañarla en la medida de lo posible.

Interés autentico: Si no hay autenticidad de contacto, no hay nada. Este se demuestra con las palabras, pero también con nuestra voz, nuestros gestos y especialmente nuestra  mirada, hoy especialmente, donde las mascarillas nos están diciendo más alto que nunca, el valor de mirar antes que de hablar. Las conversaciones motivadas por un interés autentico cobran vida propia. En estas conversaciones, todo es importante para el otro, aunque no lo sea para uno mismo.

Atención constante al contacto: Necesitamos un buen contacto para que el ser humano pueda empezar su propia experiencia interna. Al mismo tiempo como líderes hemos de estar constantemente pendientes de ver la calidad del contacto  que tenemos con nosotros mismos porque  si nos desconectamos de nosotros ,será nuestra imagen la que esté conectando con el otro, pero no nuestra esencia verdadera,  que es lo que de verdad cuenta.

¿Cómo sintonizamos?: Lo que habitualmente llamamos “sintonía”. Es verdad que la sintonía puede surgir naturalmente entre dos personas pero puede que no. Como líderes, la sintonía hoy en día hay que trabajarla y aprenderla más que nunca para poder acompañar a nuestros equipos en los desafíos que tendremos en los próximos años.

La sintonía  cognitiva, intentando comprender los pensamientos de la otra persona y el contenido de sus observaciones, yendo más allá de la simple comprensión e intentando  entender la «lógica del otro» (como conecta ideas, tipos de razonamiento..)

La sintonía  afectiva, estando  atentos al afecto que siente esta persona  por nosotros  e intentar responder de una manera reciproca, de manera personal y auténtica adaptándonos a las necesidades que el otro tiene en esos momentos.

La sintonía rítmica, encontrando  un ritmo para que esa conversación que mantenemos  integre pensamiento y sentimiento. Los ritmos de cada persona son únicos, y no podemos esperar del otro el mismo ritmo que yo necesito para superar un desafío, una dificultad. Nuestra sintonización se trasmite también con las palabras que elijamos, con el tono de voz, nuestra expresión y nuestros gestos, todo forma parte de este acompañamiento que hemos decidido dar al otro para sacar lo mejor de si mismo.

¿Cómo nos implicamos? La implicación comienza con el compromiso del líder  con el bienestar de sus colegas, de sus equipos. por esto como tales hemos de tener  en cuenta si las acciones que llevamos  a cabo son realmente para ayudar al otro  o tal vez puedan ser para satisfacer nuestras propias necesidades. El mundo y nuestras vidas van tan rápido, que como digo, siempre es importante parar a darnos cuenta. ¿A quien servimos? ¿A los demás o a nuestros egos?

Por ello creo que necesitamos integrar al menos tres ingredientes fundamentales:

El reconocimiento: Significa que reconocemos a esa persona,  con su afecto, sus necesidades, con su ritmo y su fase evolutiva.

La Validación: Es un paso más allá del reconocimiento por que validamos la experiencia que tiene la otra persona, porque no la juzgamos, ni nos burlamos, ni la cuestionamos, De alguna manera es trasladarle a esa persona de nuestro  equipo, que la tomo en serio, que apreciamos y respetamos su vivencia tal y como es.

 La presencia: Cuando somos capaces de establecer contacto con cada persona, estando “con” y “para el”  poniendo nuestras  necesidades y deseos en un segundo plano.

En definitiva, acompañar a otro, y consolarlo, en sentido amplio, para liberar lo mejor de ella como persona y profesional, requiere mucho de todo esto.

Es verdad que nos han enseñado a creernos que solo “se vale” ser perfectos por dentro y por fuera,  cuando realmente el ser humano es mucho más complejo que todo esto. Esto no quiere decir que no hayamos de estar absolutamente implicados en nuestro crecimiento como personas para que ello también nos sirva para crecer como profesionales y como líderes, eso no significa que no hayamos de trabajar la resiliencia como una de las skills más importantes de esta nueva era que nos está tocando vivir y nos tocará vivir en los próximos años, sin duda, pero no olvidemos que somos seres humanos y como tal  estamos en beta permanente. Y precisamente por ello, hemos de dejar espacio a esa vulnerabilidad que nos permita levantar la mano para ser acompañado cuando, a pesar de esa resiliencia, “lloro” y dar un paso adelante para acompañar cuando otros también lo hacen.

Que en este nuevo contexto, ágil, vulnerable y digital, no dejemos de liderar desde una actitud positiva frente al negativismo permanente, desde la responsabilidad frente al  victimismo,  desde la confianza plena frente al desaliento, desde el agradecimiento frente a la  queja, pero sobre todo desde nuestra humanidad frente a todo lo demás.

No hay Bienaventuranza más grande que esta.

¡FELIZ LIDERAZGO!

¡FELIZ LIDERAZGO!


¡Buenos días y felicísimo año 2021! Ahí os dejo mi post especial para comenzar este nuevo año, con agradecimiento, mucho agradecimiento y 5 mensajes clave. ¡Feliz liderazgo! Haz clic aquí

 

INSTANTES DE LIDERAZGO

INSTANTES DE LIDERAZGO


En este  “Sunday post”  quiero hablar de los Instantes del liderazgo,  de amor, de agradecimiento de admiración y legado.

Estamos prácticamente en puertas de la Navidad, fecha señalada para todas las personas  por una u otra razón pero  en cualquier caso, no dudo que es una época en la que  recuperamos nuestra sensibilidad, regalo tan preciado y que no siempre somos capaces de ponerlo como “centro de mesa”.

La potencia que tiene la sensibilidad es inigualable, pues nos permite “ liderar instantes”, de una manera bien distinta a cuando no la afloramos. La sensibilidad nos permite agradecer las cosas pequeñas también, nos permite mirar lo que otras veces solo veíamos, perdonar, cuando otras veces el ego asomaba para impedirlo y darnos cuenta que también en esta época de luces, también hay sombras que hemos de querer ver, dentro y fuera de nuestras organizaciones, y desde ahí  darles toda la  luz y alegría que está en nuestras manos.

Suelo decir que el mundo va muy deprisa y por esto hemos de PARAR. Parar para esto precisamente, para “liderar instantes”.  Esas “paradas” nos darán la  oportunidad de dar  todo el valor que como personas seamos capaces de dar, de  ver y descubrir personas y  talento donde antes no mirábamos y sobre todo,   la oportunidad para descubrir  “el  alma”  que hay detrás de cualquier trabajo hecho.

El ser humano con toda su grandeza, a veces es incapaz de darse cuenta de estas personas y corazones que se esconden detrás de todo ello, y cuando lo queremos hacer ,  no siempre estamos a tiempo.  Hoy, después de un año intenso, y agotador para todos,  quiero poner en valor a estas personas,  personas que saben “liderar instantes  siempre dando lo mejor de si mismas, en la sombra, sin esperar ningún reconocimiento ni un galón a cambio  sino todo lo contrario, personas que se preocupan y ocupan de darnos siempre la respuesta que les pedimos , personas  que saben hacer reír en una conversación a pesar del contexto difícil y  que dan un extra mile cuando es necesario. Personas que además, también saben disfrutar de la vida y sacarle todo el jugo posible, hasta el último momento.

Y hoy, quiero  hablar también de nosotros, líderes, quienes hemos de ser los primeros  capaces de “liderar instantes” únicos con esas personas que  lideramos, sabiendo que muchas de ellas, no se exponen, ni  quieren destacar, ni ser especialmente visibles, pero que están ahí fieles a su propósito.

«Liderar instantes» significa  seguir aprendiendo a mirar a todos con esa mirada que engrandece a los demás, que ayuda, que convierte las sombras en luz y alegría, que da aliento, esa mirada que es capaz de ver almas detrás de una reunion de teams, zoom o las que se tercien,de ver almas detrás de cualquier proyecto en marcha, de cualquier cliente nuestro, o de cualquier colega.

«Liderar instantes» significa también recordar y no olvidarnos que la vida es también un instante, y precisamente por  esta urgencia, hemos   ser  capaces  de disfrutar y hacer disfrutar a cada una de las personas, más de lo que nos permitimos hacerlo, aprender de ellas más de lo que lo hacemos, decirles gracias muchas mas veces de lo que lo decimos, y buscar más frecuentemente un minuto robado para invitarles a un café “ detrás de las pantallas” para saber cómo les va.

«Liderar instantes» significa también darnos cuenta que la vida pasa rápidamente mientras tenemos otros planes,  y que por ello necesitamos hacer de cada encuentro en nuestros entornos laborales, también momentos de vida y alegría. Apreciando  lo que se nos regala  a través de cada persona con la que contactamos y siendo también muy conscientes del regalo que hacemos a otros a través nuestro. Para mí, el tipo de huella que queramos dejar cuando dejemos a otros u otros nos dejen, es la pregunta que deberíamos hacernos cada mañana,  por que sin duda esto definirá nuestro liderazgo en cada instante.

«Liderar instantes» significa vivir la vida  plenamente también en una organización, teniendo  la sensación cuando dejemos de estar en ella, que durante el tiempo que hemos estado  hemos dado “ganancias” a las personas con la que nos hemos relacionado, en cada conversación o en una u otra situación.

«Liderar instantes» significa también ser muy conscientes que  esta vida que conocemos,  es un auténtico  regalo y  por ello, fuera y dentro de nuestras organizaciones hemos de  dejar un tipo de  huella que siga ayudando a otros a seguir aprendiendo y creciendo como profesional pero también como persona  para que así mismo sus huellas ayuden  a otros…y así sucesivamente. Así ayudaremos a  construir una  sociedad y una organización humanamente sostenible, con el ejemplo de muchos y peldaño a peldaño.

En estos momentos del año , yo me siento profundamente agradecida de la vida, por lo que me ha dado , por las oportunidades que me ha brindado este 2020 para liderar lo mejor posible el instante,  aflorando toda la sensibilidad que he sido capaz,  agradeciendo  a las personas con las que trabajo más de cerca, a  mis equipos,  el alma que han mostrado y me muestran  en cada encuentro , y a mis colegas por lo que me han dado en cada encuentro . Este post va dedicado  a estas personas, y especialmente las  que se distinguen por los rasgos que exponía al comienzo de mi post, que han sabido liderar cada instante en la sombra y que sin esperarlo su camino en esta vida termina para dar un paso hacia una vida mas plena. Este post va especialmente dedicado a ella/s.

Hoy me siento muy  agradecida de tener la oportunidad de sentir  la grandeza de estas personas y al mismo tiempo  muy pequeña al ver  cómo  son capaces de liderar los últimos instantes, con  serenidad, confianza y alegría, incluso en  el reto seguramente más complejo  de nuestras vidas. Creo que estos momentos han de ayudarnos a darnos cuenta que la vida va siempre más rápido de lo que nos gustaría,  y que precisamente por esto, cada instante cuenta. ,  Instantes para llenar a otros continuamente para que nunca tengamos la sensación de haber dejado de dar algo de nosotros a los demás pudiéndolo haber dado.

Este post es un agradecimiento para esas personas  de verdadero valor, esas personas,  las que están y las que se fueron, que han decidido liderar cada instante con todo ese valor, pero es también  un  llamamiento para todos nosotros, para los líderes, para no “dejarnos llevar” , y estemos dispuestos a” llevar nosotros” a otros liderando el instante;  parando, mirando, agradeciendo, riendo juntos , construyendo, y sintiendo al final de la vida, que hemos dado lo mejor de nosotros con cada una de las personas que se han cruzado en nuestro camino en nuestras organizaciones y fuera de ellas.

La vida en este mundo,  es precisamente esto, un instante , vivámosla con fe, propósito y entrega. Es el momento de hacer balance del 2020 y pensar qué queremos dejar y qué queremos llevarnos al nuevo año para, “liderar instantes” ,cada vez mejor y a pesar del  contexto y las circunstancias  en las que estemos, y contribuir  con  alegría  también  en la vida de los  que nos rodean,  esta será nuestra estela.

 

 

 

 

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LUNES INSPIRADORES

LUNES INSPIRADORES


 

Buenos días!, comparto con vosotros esta conversación que mantuvimos con el equipo de Lunes inspiradores donde hablamos de la importancia de ser organizaciones Nº5, organizaciones con una esencia única, que las distingue, igual que lo fue un perfume de referencia a lo largo de todas las épocas. Aquello que la hizo única hace mas de 100 años ha perdurado hasta nuestros días. Nuestras organizaciones también han de tener esta esencia que les garantice una sostenibilidad a largo plazo.

Te invito a conocer la esencia delas empresas que dejan huella..

https://www.youtube.com/watch?v=js5cbLJUEVA