La economía de la EMPATIA

La economía de la EMPATIA


Este mes quiero profundizar en lo  que significa, el amor,  la  primera  virtud de las organizaciones de la nueva era, de las organizaciones Nº5. El domingo pasado hablaba de ella, como virtud clave para ser una compañía atractiva para trabajar, y te argumentaba por qué. Hoy quiero decirte que esta virtud también es clave para  el nuevo empleo del futuro, y  para lograr aprender y desaprender de manera permanente, cuya importancia ya todos conocemos, el tema es cómo lo hacemos y por dónde empezamos  cuando hablamos de algo que nos da tanta vergüenza como es hablar de “amor”  en una organización.

Pues bien, empezamos como dice Simon Sinek, conociendo y compartiendo primero el “Por qué”  y  luego el  “Cómo” esta virtud es clave en este nuevo futuro del empleo.

Sabemos que el futuro no muy lejano nos llevará a una relación persona-máquina jamás conocida anteriormente y también que el impacto de la tecnología hará que millones de puestos de trabajo se destruyan, pero se generen  otros que nos brindarán nuevas oportunidades de aprender y desarrollarnos. Este impacto de la tecnología que está llevando a una progresiva automatización de las tareas y los servicios está haciendo que competencias más soft sean ya absolutamente necesarias en nuestras relaciones con los otros, ya que son las que pueden marcar la diferencia y aportar valor en el ecosistema en el que nos relacionamos. Dentro de estas competencias y virtudes que desarrollar, el amor, en su sentido más amplio, sin duda va a cotizar al alza.

De hecho, este fenómeno ya tiene un nombre, pues se lo conoce como la economía de la empatía. Me alegra ver que hablamos de términos tan importantes como economía para algo tan soft como es la empatía, entendida como la capacidad de ponernos en el lugar del otro y comprenderlo, actitud que forma parte de la virtud del amor en ese sentido más amplio. Es verdad que la empatía y la compasión, definida como la empatía en acción, todavía no se han instaurado plenamente ni se han elevado a la categoría que las competencias tienen hoy, pero ya existen mediciones del grado de empatía y compasión que puede tener una persona u organización. No olvidemos que la empatía y, sobre todo, la compasión, entendidas como la capacidad de sentir las dificultades del otro, de no juzgarlo y de acompañarlo activamente en su dolor, son lo que nos hace más humanos, nos dan la capacidad para entendernos y ayudarnos y ser capaces de responder al complejo entorno en el que nos encontramos. ¿Tarea fácil? Seguro que no. Yo al menos no siempre soy capaz de comprender con la profundidad que espera el otro de mi, o de comprender precisamente a aquella persona que mas lejana esta de mi manera de ver el mundo, pero ahí esta el punto.

Diversos autores opinan que la manifestación de la empatía en la actividad económica viene, principalmente, a través del servicio al cliente, para que sea único y memorable, no importa el negocio ni el sector de actividad. Yo añado algo más: viene no solo por el servicio al cliente, sino por el tipo de relaciones y vínculos que se generen con todas las personas del ecosistema con el que nos relacionamos para lograr dar ese servicio final. Por eso, cualquier puesto dentro de este ecosistema de relaciones, cualquier empleo del futuro, ha de precisar de esta virtud fundamental. Si seguimos estos postulados, la economía de la empatía permitirá, además, el desarrollo en dos grandes áreas ,en particular:

-Servicios que aumentan la empatía humana para ayudar a entender por qué otra persona siente de cierta manera y cómo se la sirve mejor.

-Mercados de compradores y vendedores de empatía: plataformas que ofrezcan expertos freelances para las tareas que requieran un toque humano, para diferenciar y mejorar un servicio en particular.

Podríamos añadir otras habilidades a desarrollar y aprender  ligados a  puestos de nueva creación, vinculados  al desarrollo del coaching para trabajar más en profundidad esta dimensión, y sin duda, por mi propia experiencia personal y profesional , aparecerán y se necesitaran nuevos puestos y competencias a desarrollar ligadas a la psicología Gestalt aplicada a las organizaciones, con la finalidad de poder comprendernos mejor a nosotros mismos, y al comportamiento y necesidades del ser humano. Cuando más aprendamos a  comprender, más podremos amar y reaccionar activamente  para contribuir al desarrollo del potencial de nuestra gente en un contexto como el de hoy y con ello, como insisto en decir, en impactar en la tan deseada «rentabilidad financiera.»

Soy una convencida de que se generarán otros puestos de otra índole, ligadas sin duda a la robótica, pero también ligadas al conocimiento y desarrollo de terapias humanistas en un mundo robotizado. Ambas líneas compatibles y necesarias.

Sean los puestos que están por venir y las competencias y conocimientos que acabo de mencionar, no perdamos de vista que también se necesitarán grandes dosis de empatía y compasión en las competencias que se demandan ya hoy y que se demandarán mas si cabe en el futuro y que hemos oído todos, tales como la gestión de equipos, la coordinación con otros, la inteligencia emocional, la orientación al servicio, la negociación y flexibilidad cognitiva o la capacidad de generar vínculos sólidos con las personas o de potenciar nuestra capacidad de comprensión humana.

La empatía, sin embargo, no es fácil. Pensamos que somos empáticos porque creemos que sabemos escuchar al otro, pero, en mi opinión, a las personas, a las organizaciones, nos falta mucho aprendizaje detrás. Impulsar la learnability de esta virtud supone primero un ejercicio individual con nosotros mismos. Debemos analizar cuán compasivos somos para mirarnos amablemente, para cambiar una voz crítica por una más compasiva, para comprender nuestras limitaciones, nuestros egos soberbios, nuestro orgullo, pero nunca justificarlos, y por eso querer transformarnos y transformar.

Jon Kabat-Zinn,79 en su libro Acción y meditación: cambiarse a sí mismo para cambiar el mundo, expone brillantemente: «Cambiarse a uno mismo para cambiar el mundo es liberarse de toxinas mentales como el odio, la codicia, el orgullo, el espíritu de venganza que envenenan nuestra existencia yla de los demás».

Tal vez no todos pensamos en términos tan ambiciosos, tal vez veamos el mundo demasiado grande o demasiado lejos de nuestra realidad, pero pensemos, en cualquier caso, que debemos ser ambiciosos para cambiar este pequeño trozo de planeta en el que habitamos, esta organización en la que trabajamos, y que esto también forma parte de un mundo más grande y para el que se requiere la misma dosis de deseo y curiosidad de aprendizaje para aprender a liberarnos de esas toxinas mentales que nos impiden e impedirán cualquier transformación organizacional.

Y de esto va la sostenibilidad de nuestras organizaciones, ni más ni menos. De reconocer y darnos cuenta de cuánto amor ponemos en las cosas que hacemos, en las relaciones que mantenemos con nuestros colegas en sentido amplio, No olvidemos que «lo malo» del otro nos sale sin querer, pero lo bueno sale solo «queriendo». Como líderes de organizaciones Nº 5, tenemos la responsabilidad de generar este tipo de entornos «queriendo» y de impulsar iniciativas en nuestras organizaciones que ayuden a APRENDER  a escuchar, a  APRENDER  a suspender juicios, a APRENDER a  limpiar creencias, a mantener una mirada apreciativa hacia el otro y a ponerse de verdad en sus zapatos y actuar en consecuencia.

Cuando hablamos de upskilliing y reeskilling,  no pensemos únicamente en mejorar nuestras habilidades y las de las personas de nuestra organización, sino también en aprender a mejorar nuestras virtudes, todas ellas tan necesarias si queremos ser organizaciones que sobreviven al entorno y lo superan, empecemos por el AMOR,