En estos últimos “Sunday post” he hablado de la pasión y el propósito, de liderazgo que se escribe con P, con aquel que nos mueve y hace mover a otros hacia un propósito común, tan necesario.

Pero  también en estos días, en estas últimas semanas, que siguen siendo vulnerables y desafiantes para todos, en el plano sanitario, económico y social , me he preguntado si el mundo, las organizaciones, las instituciones, y cada uno de nosotros, individualmente, nos  estamos moviendo, estamos tomando decisiones, nos estamos focalizando en  lo verdaderamente importante, o sin embargo lo hacemos pensando únicamente  en lo que nos hace “sentir importantes.”, queriendo así curar nuestra herida narcisista de nuestro niñ@  interior.

En un mundo que va tan rápido, donde nos urge alcanzar  la sostenibilidad financiera probablemente para cubrir una de las necesidades principales, insisto mucho que precisamente, por esta razón,  hay que “parar”. Parar para conectar con nosotros mismos y descubrir sinceramente como líderes  qué es lo que nos mueve para tomar cualquier decisión, nuestro narcisismo– individual o organizacional-  o nuestro verdadero deseo de contribuir al entorno  en el que opero.

Esta enfermedad que a mi me gusta llamar “ la enfermedad de los selfies”, puede atravesar sutilmente nuestra sociedad, nuestras organizaciones, dejando un impacto  del que no siempre nos damos cuenta.

Este liderazgo narcisista  puede provocarnos ceguera para ver la realidad como realmente es, distancia para evitar conectar con lo verdaderamente importante, y dependencia para ser alabados continuamente y preocuparnos únicamente de ello. Por ello quiero resaltar los 10  riesgos principales que podemos tener como organizaciones si la «enfermedad de los selfies» aparece por la puerta y se instala sin darnos cuenta en cualquier líder, o equipo que lidera.

En el  liderazgo narcisista:

1.Nos creemos mejores que los demás, siempre, no hay manera de hacernos ver a  que la oportunidad de ser mejores pasa por, dejar el móvil  al lado y escuchar también otras opciones, realidades y perspectivas de otros.

2.Necesitamos ser el centro de atención, da igual la razón, la organización o el líder narcisista encuentra la manera de que le miren solo a el, volviéndonos ciegos a otras realidades seguramente mas importantes para la recuperación de nuestra organización, de nuestro país, de todo.

3.Somos absolutamente encantadores, así lo parece desde fuera, por lo cual, podemos parecer  irremediablemente atractivos, en un primer contacto o en varios, pues tenemos  la agudeza de mantener la atención de otros a pesar de equivocarnos en la razón o el propósito real que debe perseguir la organización.

4.Somos manipuladores, y esto es una cualidad que nos distingue como lideres narcisistas. Conseguimos lo que necesitamos para esa foto seflie tan necesaria para uno, pero nos olvidamos de ver el paisaje que nos rodea, perdiéndonos la luz que da en aquella mirada, el fondo de aquel valle, y tantas otras cosas que harían de la foto, una foto verdaderamente completa y única.

5.Como lideres narcisistas, la empatía y la compasión ha quedado en otro lugar. Las palabras, los mensajes que salen de una organización así, son huecas y sin sentido, haciéndole creer al otro que es escuchado.  Un país narcisista, no escucha a sus ciudadanos, una organización, solo proyecta mensajes vacíos, y la persona como tal, lo mismo.

6.Somos envidiosos. Ahora, que la oportunidad de tod@s es sumar para salir juntos reforzados, si somos organizaciones y  lideres narcisistas, seremos incapaces de ver en el otro esa oportunidad por que la única formula que conoce y aplica es la contraria: restar. La frase «divide y vencerás» forma parte de la lectura de noche de una organización narcisista.

7.A un líder, a una organización narcisista, no le gusta recibir órdenes de nadie, por lo cual, si lo somos, seremos  incapaces de aceptar soluciones que puedan ayudar a un propósito sano que nos distingue. .Por este motivo, también somos incansables y competitivos en el trabajo, pues no toleramos no tener el control sobre los demás. De allí que las personas y las organizaciones narcisistas sean buenos para liderar una organización, una industria. Ojo no seamos uno de ellos y no nos hayamos dado cuenta, estando únicamente ocupados en mirar nuestro selfie personal.

8.Somos invulnerables: Esto conlleva que como líder, como organización, por mucho que digamos que el feedback y dar critica constructiva ayuda al crecimiento, si somos organizaciones y  lideres narcisistas seremos incapaces de recibirla, por lo que seguiremos viviendo, decidiendo y creyendo que seguimos un propósito sano, cuando es todo lo contrario.

9. Excesiva importancia al aspecto exterior olvidando el interior:  Las organizaciones, y lideres narcisistas, estaremos más centrados en la imagen que proyectamos y los premios que logramos, y no tanto en  lo que se siente y percibe en el interior de una organización para poder así avanzar hacia una mejor experiencia. El hacer ( «To do»)  no da el siguiente paso, sentir ( «To feel»). ¿Cómo hacer sentir bien a un equipo, a una organización, a una sociedad en su conjunto?

10.Somos vanidosos: Las organizaciones, y lideres narcisistas,  creeremos que nadie es lo suficientemente bueno para nosotros, por lo cual podremos correr el riesgo de volvernos endogámicos, de no ver el talento donde si lo hay y de perder competitividad en un contexto como el actual.

Hoy todos tenemos la oportunidad de recuperar nuestro país, empezando cada uno desde nuestras responsabilidades, y  nuestro entorno más cercano, para luego ampliarlo a nuestro entorno profesional habitual para finalmente dar un paso más y abrirlo a un entorno, a un ecosistema mas amplio de colaboración. Y para recuperar este país, hemos de empezar primero por asegurar que  como líderes de cualquier organización,  conseguimos mantener los selfies aparte si queremos de verdad ser creíbles y asegurar, no solo a corto plazo, sino a largo, que mantenemos  los vínculos sólidos con nuestra gente y con todo el ecosistema de personas con las que nos relacionamos. No hay más.

El barco se mueve demasiado como para no asegurar que cada una de las personas que esta subidas a él, están física y emocionalmente sujetadas para no caerse. No olvidemos  que es mejor la incertidumbre sabiendo que no estás sola/o que las falsas certezas prepotentes. Y esto se consigue si dejamos nuestros “selfies” al lado y nos preocupamos y ocupados por mantener esa  pasión  y propósito que nos impulsa a actuar , virginalmente  “sano”.

Los vínculos se logran por varias razones, pero, sin duda, ser capaces de despertar deseo y de transmitir nuestra pasión autentica por el proyecto que lideramos a las personas con las que necesitaremos colaborar para que formen parte de la solución, es una de ellas. Atrás habrán de quedar, por tanto, las relaciones interesadas como un medio para conseguir un fin narcisista, dando paso a nuevas relaciones, generosas, solidarias, sostenibles, humanistas en las que dedicaremos de nosotros lo que sea necesario para generar relaciones sanas con ese nuevo ecosistema de personas con las que nos relacionaremos, para que así entiendan, se apasionen y participen en ese proyecto que hará palanca para la verdadera recuperación de nuestro país. Ahí marcaremos la diferencia en esta era post covid, en este nuevo  future of work

Si no dejamos nuestro interés por “los selfies”, y nos centramos en la pasión que mueve desde dentro a  construir y co-crear de verdad con el otro, no habrá energía, ni valor, ni deseo de saltar a una zona nueva sin certeza de no fallar. Cuando de verdad pongamos a las personas y a su talento en el centro, tendremos verdadera pasión por el liderazgo sano  no solo de una organización, también de una industria y  de una sociedad. Porque, cuando esto suceda, querremos aprender, reconoceremos nuestras heridas narcisistas porque nos arriesgaremos a volvernos vulnerables, porque sabremos que merece la pena, nos atreveremos a probar de cubrir las necesidades de las personas, que lideramos, y no las nuestras sin la certeza de hacerlo bien a la primera, pero con el firme deseo de intentarlo, porque sabremos que solo así lograremos realmente liberar todo el potencial y acelerar el rendimiento que hoy necesitamos de cada uno de ellas.

Es cierto que el entorno no es fácil, que hay incertidumbres y presión por los resultados, que necesitamos hacer más con menos y en menor tiempo. Todo esto es absolutamente cierto, pero  que esto no nos quite nunca nuestra pasión por nuestro sano  propósito, ni nuestro entusiasmo y deseo de contagiar a otros para surfear en este nuevo contexto cada vez más complejo y cambiante.

Podemos decidir ser víctimas o responsables de lo que nos sucede, ser narcisistas o generosos para contribuir  a la recuperación de nuestro entorno, de nuestra sociedad, de nuestro país, esto  está también en nuestras manos, ejerciendo ese «liderazgo sin selfies», un liderazgo  responsable y consciente, que tanto necesitamos.