La semana anterior, quise compartir mi reflexión sobre el liderazgo y los selfis, «inventos” que lo único que hacen es empobrecer nuestro liderazgo.

Hoy quiero hacer reflexión sobre un término que la pandemia seguramente ha puesto más en evidencia que nunca,  en muchos sentidos: la pobreza. Pobreza que  en términos negativos  la entendemos como  la pobreza moral, el  vacío, la soledad, la falta de elementos básicos, la falta de un empleo, de salud, de valores… Esta pobreza no solo está en la calle, también podemos encontrarla en nuestras organizaciones en forma de  falta de confianza, falta de  seguridad física o psicológica, falta de capacidades, falta de resiliencia, falta de liderazgo y de tantas otras cosas más. Suena extraño decir que las personas que viven esto en nuestras organizaciones  son los pobres de hoy, “los que sufren” como si este vocablo solo fuera valido para países en vías de desarrollo, pero así es para mí. “Los que sufren” desgraciadamente están, hoy,  más cerca de nosotros que nunca. Y ante esto, las organizaciones pedimos “resiliencia.” Una nueva competencia, necesaria, si, pero me pregunto cuánto hacemos desde el  propio liderazgo organizacional, desde el liderazgo personal para acompañar y hacer que esa resiliencia, no sea tan necesaria ni con tanta intensidad. En definitiva qué hacemos para  echar esa mano a “nuestros pobres.”, para que así puedan también cubrir esas necesidades y puedan remontar, fortalecerse, ilusionarse de nuevo y sacar lo mejor de sí mismos especialmente ahora.

Y para que esto suceda, hablaré de la otra cara de la pobreza, aquella que es verdaderamente necesaria,  la pobreza de espíritu,  aquella que nos permite entregar de cada uno de nosotros lo necesario  para “nutrir” al otro. Y para ello hemos de despojarnos de cualquier pretensión, de cualquier orgullo, de cualquier arrogancia.

En este sentido, hemos de hacernos dos reflexiones: Qué significa ser pobre en relación con uno mismo para nutrir a otro, y qué significa ser pobre en relación con los demás.

¿Qué significa ser pobre en relación a uno mismo, como persona?

1.Significa reconocer  que no tenemos casi ningún mérito por ser lo que somos, ni por tener los  talentos que tenemos. Hemos tenido la suerte de nacer donde hemos nacido, de tener la educación que hemos tenido y las oportunidades que se han abierto entre nosotros y que sin duda nos hemos esforzado para aprovecharlas.  Creo que es legítimo alegrarnos si logramos hacer un bien en nuestro entorno pero nunca para alimentar nuestro orgullo  y despreciar al otro. Como bien dice Jackes Philippe: ¿Por qué tenemos la tendencia tan fuerte a alimentar nuestro ego cuando todo se nos ha dado.?. Creo que hemos de estar agradecidos, siempre, vanagloriarnos por ello, nunca.

2.Significa aceptarnos como somos  con nuestras fragilidades, limitaciones e imperfecciones. Seguramente para muchos, al menos para mí, un reto más difícil del que pueda tener día a día en mis desafíos laborales. Pero sin ello, no podremos ser lo suficientemente pobres desde dentro para ayudar a los pobres de fuera.

3.Significa por este mismo motivo, trabajar cada día por no juzgar frívolamente, sino todo lo contrario. Comprender pero no justificar. Actuar, pero no para” triunfar”

4.Significa que la gratitud forma parte de nuestras vidas y relaciones mucho más de lo que lo está, porque nuestra vida, en si misma con todo lo que lleva es un auténtico regalo.

5.Significa por ello, dar la mano al que tengo al lado, sin sentirme «subido» en ningún peldaño,  para sacarlo de “la pobreza” en la que está, para elevarlo, dignificarlo, hacerlo sentir un ser querido, digno, y con el que contamos cada día para dar lo mejor y dejar la mejor huella en nuestra organización.

¿Qué significa ser pobre en relación a nuestro LIDERAZGO con los  demás?.

1.Significa la renuncia a toda forma de dominio, manipulación o sentir posesión por los demás para que cumplan mis deseos. Formas de manipulación que tal vez sean inconscientes para uno, pero que obliga al otro a conformarse con lo que “yo quiero” para mis intereses o fines personales y no tanto para el propósito organizacional. Una línea muy sutil, fácil de cruzar, y dolorosa para aquel que invadimos con este fin.

2.Significa, aceptar que el otro se me “escurra” para lograr los fines que  pretendíamos y que no conseguimos, y por tanto dar el paso de aceptarle como es, como legitimo otro, y desde ahí, potenciar el valor que tiene para el propósito que perseguimos en nuestra compañía.

3.Significa, “servir” al otro, para lograr los fines comunes y no tanto “servirse” del otro. Algo que puede sonar a ser  lideres pusilánimes, es sin embargo una de las fortalezas que mas necesita el liderazgo de hoy.

4.Significa algo tan grande, como renunciar al rencor. Se suele decir que el rencor es un veneno que se toma uno para matar a otro, y no puedo estar más de acuerdo con ello, entendiendo la dificultad que el ser humano tiene para ser capaz de lograrlo. Somos capaces de envenenarnos muchas veces al día, con mil situaciones que pueden suceder en nuestras vidas, y en nuestras organizaciones, con nuestros colegas, nuestros equipos, y caemos como ratas, envenenados con nuestro propio jugo mortal.

La próxima vez, animo a que nos paremos para darnos cuenta como el envenenamiento invade nuestro cuerpo y preguntémonos, si nos aporta o por el contrario, soltarlo puede ser la mejor liberación que puede existir. Difícil, seguro, pero , ¿Para qué están los retos sino es para transformarse para poder transformar.?

5.Ser un líder con pobreza de espíritu, también es aquel que no pretende decir la última palabra, y es capaz de  dejar el orgullo al lado para permitir que otros la digan. No hay espacio mas grande de crecimiento, que ver al otro volar libre sintiéndose seguro a tu lado. El liderazgo con pobreza de espíritu es el único que logra esto.

6.Un líder así es un líder que ha tirado las facturas que tenia pendientes con los otros , porque lo que le importa no son los balances, ni la contabilidad ni la cuenta de resultados de nadie, sino la generosidad en estado puro.

7.Significa también, no justificarse sin cesar, y a veces ser incomprendido, claro que si. No digo que no haya que defender tus ideas, que ser valiente para decir aquello en lo que crees que es importante para una organización, pero no siempre “ganaremos la batalla”, ni es necesario. Esto también es ser pobre de espíritu. Estar en tu lugar, esto es, cueste lo que cueste. Dando y aceptando, dando y aceptando.

8.Significa también, “aceptar las pérdidas.” A lo largo de nuestras carreras profesionales, perdemos personas y cosas por el camino. Personas que deciden emprender otro reto profesional y hacemos lo posible por “retenerlos” cuando precisamente lo que distingue a los lideres pobres de espíritu es liberar, impulsar y comprender que esa persona ya necesita sentirse nutrida por otros. Dar alas, es por tanto una de las características que les distinguen. Significa también aceptar perdidas emocionales, y desde ahí, seguir liderando. “Las verdaderas pobrezas no son las que elegimos sino las que la vida nos impone”.

9.Significa muchas veces, saber “abandonarnos” en el sentido sano. Cada uno a aquello que le mueve desde su propia espiritualidad, y ser capaz de hacerlo. El hombre está convencido que puede controlar todo, y cada vez más, el mundo nos está diciendo que no podemos controlar nada y pero si confiar, como única alternativa de valor

10.Un líder así, en definitiva sabe que cuanto más pobre es, más paz consigue, y cuanto más paz consigue, más es capaz de transformar y liderar el entorno en el que opera. El mundo de hoy esta lleno de orgullo, de su avidez incansable de riqueza y poder y no puede curarse sino acogiendo este mensaje.

Hace apenas unas horas compartía con vosotros un artículo ligado a nuestro tremendo  deseo de impulsar el “performance” en nuestras organizaciones, algo totalmente entendible en este nuevo contexto para lograr nuestra recuperación, pero tal y como nos sugería el artículo de la revista de Harvard, no es tanto poner foco en el “performance” sino en  “growth”. Y ese crecimiento es algo de mucho mas alcance, sentido y propósito. El crecimiento que propone, pasa precisamente por todo lo que aquí comparto, por esta pobreza radical, para mirar a los pobres de hoy desde mi propia pobreza,  pasa por ser pobres de espíritu para ser grandes en nuestro liderazgo con las personas, con nuestros clientes y en nuestra industria. Esto es lo verdaderamente importante, lo que ayudará a ese crecimiento de uno mismo, al de las Organizaciones Nº5 que sitúan el valor de la pobreza radical como elemento de un buen liderazgo y al de  nuestra sociedad,  en su conjunto.