Llega por fin para la mayoría de nosotros , el tiempo de desconexión estival, y también de reconexión con uno mismo, con más pausa seguramente que los intensos meses vividos en este año.

No quería dejar de escribir mi último Sunday post de esta “primera temporada”, sin una parada para compartir mi visión de los principales aprendizajes   de esta liga, para que ojala  puedan servirnos de aceleración y aprendizajes para la vuelta.

Seguro que nos hemos llevado todos muchos, y lo vital no es sólo haberlos tenido, sino saber para que “si” o para que “no” nos pueden servir a futuro. Más que nunca el aprendizaje hoy se trata de esto, parar para “darnos cuenta” y saber qué podemos repetir, replicar, adaptar o dejar de hacer, sin más.

Yo me quiero centrar en los tres que para mí están más ligados al ser humano como tal  y que sí merece la pena tenerlos en cuenta para afrontar  los nuevos desafíos que seguro están por venir:.

Como principales aprendizajes:

  • El valor de las creencias. Durante muchos años seguramente en muchas organizaciones, hemos tenido creencias muy arraigadas respecto al teletrabajo y su incompatibilidad con muchas posiciones o sectores. Sin embargo, de un plumazo, la mayoría de nosotros hemos sido capaces de adaptarnos  a la nueva realidad , contando con el teletrabajo como la medida prioritaria para mantener la salud de nuestros equipos sin perder nuestro servicio a nuestros clientes. Por lo tanto, estemos atentos a potenciales creencias arraigadas que podamos tener actualmente, y estemos más abiertos que nunca a transformarlas en creencias potenciadoras.
  • La capacidad de adaptación al entorno del ser humano: Todas las organizaciones hemos estado inmersos en estos últimos años en profundas trasformaciones de nuestros modelos de negocio, provocado por el impacto de la tecnología, que ha llevado a su vez a liderar una trasformación digital y cultural paralela. Hemos impulsado el cambio asegurando que teníamos a las personas “on board” en todos ellos, y que ninguno quedaba el ultimo de la fila, y de repente, la pandemia, nos ha impulsado mas rápido de lo jamás imaginado, a surfear el cambio en uno mismo y en los demás. Supervivencia, sin duda, pero lo hemos logrado. No olvidemos esta fortaleza, para posibles cambios futuros que puedan poner de nuevo en peligro nuestras organizaciones. ¡podemos hacerlo.!
  • El resurgir de la vulnerabilidad como nuevo valor de referencia, palanca de otras virtudes clave. La sociedad ha esperado siempre de nosotros, como personas, profesionales y organizaciones, ser nuestra mejor versión. Casi sin darse uno cuenta, se tenía que ser “compañía líder en…” “mejor director de..”  y de golpe y porrazo, nos ha bastado con saber gestionar nuestros miedos lo mejor posible, para poder liderar el entorno también lo mejor que hemos sabido, dando la certeza que hemos podido dar y reconociendo aquellas que no podíamos.  Ha emergido en definitiva la parte más vulnerable del ser humano, esto sí que, es para mí, nuestra mejor versión, porque es autenticidad, y la autenticidad es belleza, siempre.  Probablemente el mayor miedo de todos ha sido este precisamente, mostrarnos vulnerables. Pero precisamente esto, ha hecho que las organizaciones hayamos sido capaces de seguir generando vínculos con nuestra gente, precisamente esto, ha ayudado a dar también permiso a los demás a mostrar esos miedos e inseguridades que toda esta pandemia ha provocado. La vulnerabilidad nos ha hecho y nos hará grandes, si señor. La vulnerabilidad va unido a valentía y humildad para reconocer y pedir ayuda compasión para saber ayudar, para escuchar necesidades detrás de un comportamiento no adecuado y permitir vulnerabilidad también en los otros. Que nos no quepa duda, que este si es un aprendizaje para seguir practicando en esta segunda fase. La vulnerabilidad del Ser como palanca de crecimiento.

Como  principales desafíos que tendremos desde el punto de vista del ser humano.

  • Seguir adentrándonos en el conocimiento de nosotros mismos, de mirarnos, sentirnos, respetarnos, aceptarnos y confiar en nuestras fortalezas y nuestra capacidad humana para adentrarnos en nuevos retos y seguir practicando la vulnerabilidad como energía potenciadora del cambio.
  • Potenciar la capacidad de generar vínculos con todo el ecosistema con el que nos vamos a relacionar, y potenciar nuestra capacidad y conocimiento para comprender el comportamiento humano.  Un entorno hostil y cambiante como el actual, requiere de nosotros un alto conocimiento del ciclo de necesidades de las personas y su gestión optima del mismo.
  • No olvidar que NADA reemplaza el contacto humano, por lo que habremos de dar lo mejor de nosotros para lograr conectar emocionalmente a través de las nuevas plataformas tecnológicas de conversación y trabajo en equipo que hemos venido utilizando en estos meses. No caigamos en la creencia de pensar que saber conectar técnicamente lleva implícito la conexión emocional que las personas requerimos para poder seguir creciendo, confiando y dando lo mejor de nosotros mismos para un propósito compartido.

Gracias a todos por estos intensos meses, por leernos, acompañarnos y dar nuestra versión más completa, toda ella,  esto ha hecho seguramente  que hoy seamos  algo mejor personas y profesionales de lo que éramos. A todos,!  un felicísimo verano.!